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Salir a la calle se ha convertido para los habitantes de Arauquita, en un una odisea. Arauquita es un Municipio del Departamento de Arauca, República de Colombia, afectado fuertemente por la dificil situación social que generan los grupos al margen de la ley.

La guerrilla colombiana, ha tomado fuerza en este municipio y en sus alrededores, razón por la cual, la violencia es el pan de cada día; las muertes, las masacres y el terror rondan cada espacio. Muchos hombres han sido reclutados por estos grupos y han tenido que dejar a sus familias, otros, por alguna circunstancia han sido asesinados, o simplemente han desaparecido.

Mujeres solas, madres cabeza de hogar, niños huérfanos, hambre y miseria acompañan a muchos de los habitantes de este lugar; la injusticia, el dolor, la amarguara, la sed de venganza, son condiciones de vida que es necesario sanar.


La comunidad de Carmelitas Misioneras presente aquí, motivada por el proceso de inserción en medio de una población que lucha por conseguir el pan de cada día, por la superación de los conflictos armados y por el caminar de familias que se debaten entre la vida y la muerte, la pobreza y la riqueza, se pone como reto la creación de un taller para mujeres cabeza de hogar, que tengan, en primer lugar un espacio de aprendizaje, formación y vida sana, y luego una oportunidad de trabajo que pueda convertirse en fuente de sustento para cada una de las participantes.

Con la tenacidad, entrega y dedicación de cada una de las hermanas poco a poco, se fue organizando el taller que funcionó durante un buen tiempo en la casa de la comunidad y luego, por concesión Municipal, en uno de los salones de la Institución educativa de la población. Con el apoyo de FOSCARMIS y la dedicación incondicional de las participantes, se consiguieron las máquinas de trabajo óptimas para estas labores.

 

La injusticia, el dolor, la amarguara, la sed de venganza, son condiciones de vida que es necesario sanar.

Las mujeres fueron experimentando el gozo de aprender a bordar, tejer, elaborar prendas de alta calidad, hasta obtener pedidos significativos que las llevaron a buscar los recursos para la compra de maquinaria mejor y la asesoría del ente técnico y oficial de la Nación, con el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje). Todo esto ha sido un proceso de maduración y crecimiento permitiendo que se consolide un grupo de trabajo que ahora recibe grandes y pequeños contratos como artesanas cualificadas y comprometidas. Se ha visto la necesidad de organizarse en todos los niveles para cumplir con una jornada de trabajo que no las margine de las labores del hogar, y que les permita responder a los pedidos en forma eficiente, compartir como grupo la fe y la vida, y repartir las ganancias equitativa y justamente.

El reto de la promoción de la mujer se ha cumplido, la justicia con sus familias, es una tarea diaria, nos toca mantener el ritmo e ir construyendo un proyecto que sea auto-sostenible, que genere espacios de realización personal y familiar donde la fuerza del Evangelio vaya penetrando a todos los beneficiarios de la obra, y se extienda a la sociedad que tanto sufre.




En el Departamento del Chocó, tierra de contrastes, de grandes riquezas humanas y naturales, está ubicada la población de Unguía, cálida en su temperamento y cariño de sus gente, bañada por las ciénagas Unguía y Marriaga, dentro de la selva lluviosa y húmeda del Caribe Colombiano.

En un tiempo esta región sufrió la fuerte presencia de los grupos insurgentes, miembros de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), y después, grupos de las autodefensas. Todavía hoy sufren las consecuencias de estas  situaciones de pobreza, desplazamiento, orfandad de niños y jóvenes. Además, este municipio chocoano, en pleno siglo XXI, tan sólo cuenta con algunas horas de energía eléctrica al día. En definitiva, falta la presencia real y efectiva del Estado.

El pueblo se extiende a lo largo del afluente que lleva el mismo nombre del municipio, del cual los pobladores consiguen uno de sus más importantes alimentos: el pescado. La situación de salubridad es deprimente, los niños presentan complicaciones de salud por los parásitos, y no hay agua potable.


Las Carmelitas Misioneras, acompañamos al pueblo en procura de responder a algunas de estas situaciones; atendemos a niños y jóvenes, en su mayoría mujeres, proporcionándoles lo necesario para una vida digna. En el internado de “La Sagrada Familia”, son acogidos como en su casa, personas que vivieron, junto a sus familias, horas de terror y desconcierto por la violencia; muchos de ellos quedaron sin nada: sin tierra, sin casa, sin trabajo.

Ahora les proporcionamos, con la ayuda de muchos benefactores, hospedaje, alimento, educación escolar, formación integral, acompañamiento para superar y sobreponerse a las secuelas de la guerra.

Las niñas son acompañadas y orientadas en su proceso de maduración, cada vez más difícil por el ambiente que las rodea y por las experiencias que han marcado sus historias personales.

Hacemos un camino de formación que las ayude, en un futuro cercano, a enfrentarse como mujeres ante una sociedad machista, materialista y hedonista que, en la mayoría de los casos, las ve y trata como objeto sexual.

Las Carmelitas Misioneras proponemos a estas niñas y jóvenes, otra visión de la vida, maneras nuevas de superarse, formas de tener una vida digna desde la educación y el trabajo honesto, valorando a cada una por lo que es como mujer, e inculcando en ellas valores como el respeto, la gratitud, la honestidad, la tolerancia.

 



EN PRO DE LA EQUIDAD Y LA JUSTICIA

La presencia del Carmelo Misionero en Vallejuelos – Medellín Colombia, a través del proyecto  “acompañamiento a la comunidad”, pretende responder a la Revitalización de nuestro compromiso por la justicia, realizando las diferentes actividades o sub proyectos, siempre en comunión con los laicos tanto de la comunidad, como algunos agentes externos que desde hace algún tiempo se han incorporado a esta labor social,  a quienes hemos procurado abrirles instancias de participación real, fortaleciendo así nuestra misión compartida con los laicos.


Los principales sub proyectos que atendemos actualmente son:

Comedor “Corazón Teresa Benedicta”

Justicia es dar de comer al hambriento, mientras se enseñan las formas de adquirir el pan de cada día. ¿Cómo es posible que en nuestro mundo mueran miles de niños de hambre cada segundo?

En el comedor Teresa Benedicta, se brinda formación humana y espiritual a través de encuentros y convivencias a las madres y a los beneficiarios: 150 niños en edad escolar, 35 ancianos y 40 bebés de 6 meses a 5 años; quienes reciben, de lunes a viernes, desayuno y almuerzo, preparado por las madres de los niños, con una orientación nutricional  muy completa y balanceada, supervisada por la Fundación “SACIAR” entidad que, desde hace siete años, suministra los alimentos. Actualmente funciona en un local prestado en el Barrio “Las Margaritas”, pero ya se iniciaron los trabajos para la nueva sede en Vallejuelos.

La atención en salud se  realiza a través de la “Casa de la salud”,  en donde, además de los servicios de enfermería y farmacia, se brinda atención médica con especialistas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, programas de desparasitación, citologías, cuidado oral y otros. 

A los ancianos y enfermos que lo requieren se les brinda la atención en casa, de manera especial la atención espiritual a través del sacramento de la Eucaristía. 

Pastoral de la Primera Infancia

A  través de este programa se llega a las familias que tienen niños menores de 6 años, brindándoles un acompañamiento para la crianza de los menores en los diferentes aspectos de su desarrollo: físico, nutricional, espiritual, cívico, familiar. Actualmente este programa cuenta con 5 Agentes que acompañan 60 familias con un total de 86 niños. El objetivo es que todos los niños tengan   “Vida y vida en Abundancia”.

Dentro de los programas de la promoción de la mujer, con el anhelo de elevar el nivel de vida y generar ingresos familiares, se vienen realizando  talleres de corte y confección, peluquería, artesanías, culinaria, elaboración de productos como pomadas, jabones, talcos, todo ello gracias al trabajo de un buen grupo de voluntarias que con mucha mística comparten sus conocimientos y sus convicciones religiosas con nuestra gente.


 

 

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