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DA: Documento de Aparecida
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Pocas ideas despiertan tantas pasiones, consumen tantas energías, provocan tantas controversias y tienen tanto impacto en todo lo que los seres humanos valoran como la idea de justicia. La Justicia trae consigo una variedad de manifestaciones y aspectos concretos y es también innegable que arrastra en su misma esencia una simplicidad extrema que permite poder descubrirla en distintos y casi todos los ambientes del ser humano. |
El concepto de justicia recorre el Antiguo Testamento. No se trata sin embargo de justicia imparcial en el sentido occidental: la justicia conforme a la norma abstracta de "dar a cada uno lo suyo" (Según la famosa expresión de Ulpiano, un jurista romano del siglo III). |
En la Biblia la justicia se refiere más bien, y en primer lugar, a un contexto
concreto de relaciones sociales. Específicamente justicia significa rescatar a la víctima, liberar al oprimido. Expresa por lo tanto algún tipo de reivindicación. “Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre…” Salmo 113, 7-8.
Sedeq (Justicia) es expresión suprema y global de lo que es valioso, justo y correcto en la comunidad; es el Bien. Sedeq es el concepto central que gobierna todas las relaciones sociales. Significa rectificar situaciones entre personas y grupos, vivir conforme a lo que la situación social exige. Significa, por tanto, justicia para el oprimido. Sedaqah significa un acto de bondad o compasión. En ese sentido, sedaqah es liberar al oprimido, reivindicar al huérfano, a la viuda, al inmigrante, al pobre contra sus opresores. Dios “hace justicia al huérfano y a la viuda y ama al forastero…” Dt 10, 17-18.
Mishpat se traduce con frecuencia por derecho o justicia. Tiene matices jurídicos (regla, juicio, ley, proceso jurídico), pero estos son sólo ampliaciones de su sentido primario: justicia liberadora, salvífica. De hecho, lo que está en el corazón de la Torah, consiste en hacer justicia allá donde reina lo contrario. Mishpat está relacionado con amor y compasión, ya que la Biblia no reconoce justicia alguna sin amor y sin misericordia. En el Nuevo Testamento, Jesús proclama el Reino de Dios que representa la realización de la justicia (sedeq y mishpat) de Dios. De hecho, Pablo, en vez de hablar de Reino de Dios, habla de Justicia de Dios. “Dios nos hace justos mediante la fe en Jesucristo, y eso vale para todos los que creen, sin distinción de personas” Rom 3, 22.
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En el evangelio Jesús realiza la justicia de Dios en su propia persona, en su preocupación por los pobres y marginados, muestra de manera explícita lo que quedaba implícito en el Antiguo Testamento: el amor al prójimo es la norma suprema de sedeq de Dios y resumen de todas las demás normas. El amor "tratar al prójimo como uno quiere ser tratado, como otro yo", constituye la base y el alma de toda justicia: las normas y criterios de justicia tienen que expresar las exigencias del amor, los que siguen a Jesús en esta praxis se convierten en la justicia de Dios presente en el mundo. Jesús se convierte en el criterio último de lo que es la justicia: practicar la justicia es seguir a Jesús.El lugar propio de la justicia es la vida común. Hacia esta vida deberá volver la mirada todo aquel que se pregunte por el cumplimiento de esta virtud: hacia la familia, la comunidad social, la naturaleza, las relaciones políticas y sociales. “…Nos urge la misión de entregar a nuestros pueblos la vida plena y feliz que Jesús nos trae, para que cada persona humana viva de acuerdo con la dignidad que Dios le ha dado. |
Lo hacemos con la conciencia de que esa dignidad alcanzará su plenitud cuando Dios sea todo en todos. Él es el Señor de la vida y de la historia, vencedor del misterio del mal y acontecimiento salvífico que nos hace capaces de emitir un juicio verdadero sobre la realidad, que salvaguarde la dignidad de las personas y de los pueblos”. (DA 389 b).La Iglesia tiene un mensaje para todos los hombres y mujeres que tienen “hambre y sed de justicia” Mt 5,6. El mismo Dios que crea al hombre a su imagen y semejanza, crea la “tierra y todo lo que ella contiene para uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes creados puedan llegar a todos, en forma más justa”, y le da poder para que solidariamente transforme y perfeccione el mundo. Es el mismo Dios quien, en la plenitud de los tiempos, envía a su Hijo para que hecho carne, venga a liberar a todos los hombres y mujeres de todas las esclavitudes a que los tiene sujetos el pecado, la ignorancia, el hambre, la miseria y la opresión, la pobreza, en una palabra, la injusticia y el odio que tienen su origen en el egoísmo humano. Para nuestra verdadera liberación, todos los seres humanos necesitamos una profunda conversión a fin de que llegue a nosotros el “Reino de justicia, de amor y de paz”. El amor, “la ley fundamental de la perfección humana, y por lo tanto de la transformación del mundo” no es solamente el mandato supremo del Señor; es también el dinamismo que debe mover a los cristianos a realizar la justicia en el mundo, teniendo como fundamento la verdad y como signo la libertad. |
“La búsqueda cristiana de la justicia es una exigencia de la enseñanza bíblica.
Toda la humanidad es humilde administradora de los bienes. Creemos que el amor a Cristo y a nuestros hermanos será no sólo la gran fuerza liberadora de la justicia y la opresión, sino la inspiradora de la justicia social, entendida como concepción de vida y como impulso hacia el desarrollo integral de los pueblos” (Medellín 2, 3-4). Ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en él tengan vida, nos lleva a sumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano. (DA 389 a).
El amor de misericordia para con todos los que ven vulnerada su vida en cualquiera de sus dimensiones, como bien muestra el Señor en todos sus gestos de misericordia, requiere que socorramos las necesidades urgentes, al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos o instituciones para organizar estructuras más justas en los ámbitos nacionales e internacionales. |
Urge crear estructuras que consoliden un orden social económico y político en el que no haya inequidad y en donde haya posibilidades para todos. Igualmente, se requieren nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales. (DA, 384)
El P. Francisco Palau vivió tiempos recios semejantes a los nuestros, retomó el sentido profético para demandar justicia hacia sí mismo, desde el compromiso vocacional en la lectura de los acontecimientos históricos que le tocó vivir. Relee la experiencia cristiana y al acercarnos a su vivencia nos brinda su testimonio: “Dios es justo… pero también sus misericordias son infinitas. Se ha de ir con mucho tino en no separar estos dos atributos de Dios. Si se habla de justicia, se ha de hablar también de misericordia…” (Lucha del alma con Dios, 38).
Las Carmelitas Misioneras, llamadas a vivir en fidelidad creativa hoy, revitalizamos nuestro compromiso con la justicia trabajando preferentemente a favor de los desposeídos y excluidos, mujeres y niños, desplazados, empobrecidos de nuestro mundo. |
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