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TESTIMONIO
Desde hace seis años, trabajo como voluntaria en Pueblos Unidos, una ONG de la Compañía de Jesús que promueve la integración y promoción social de las personas inmigrantes. Entre otras cosas da prioridad a las situaciones de gran necesidad, intentando llegar donde otros no llegan. Algo que desde siempre me atrajo y procuré desde mis años en África.
Hace ya mucho tiempo leí esto de Unamuno: “No he experimentado sufrimiento mayor que el que experimenté la noche que pasé en una habitación contigua a otra, en la que un enfermo desesperado se revolcaba de dolor gritando. Yo estaba tan cerca y, a la vez, tan lejos que no pude hacerle nada para aliviarle”.
Desde que conocí el CIE (Centro de Internamiento para Extranjeros) y pude compartir con un grupo de hombres y mujeres de los que allí están internados, me quedé tocada de ver al sufrimiento al se somete a personas por una falta administrativa. Desde ese momento me ofrecí para la tarea que Pueblos Unidos tiene en el Centro de acompañar, servir y defender a las personas allí recluidas.
Cada vez que visito a los allí privados de libertad, en condiciones inhumanas, entre rejas, rodeados de policías, con cámaras por todos los lados, controlando cada movimiento – con la impotencia de no poder hacer nada, de nuevo resuena dentro de mi “Tan cerca y tan lejos…” La separación, hasta hace unos meses, en las visitas, consistía en una mesa de dos metros, ahora son unos cristales con una especie de mostrador a cada lado, que la policía abre un momento para saludar y entregar lo que se les lleva: ropa, productos de aseo, una tarjeta telefónica para poderse comunicar con los familiares, y rápidamente cierran. La comunicación es a través del cristal, con la mirada, los gestos y un teléfono para escuchar “no sé porque estoy aquí, privado de libertad en esa prisión… Yo no he hecho nada malo, solo vine a buscar un trabajo para vivir un poco mejor que en mi País y ayudar a la familia que he dejado ahí… No quiero que me deporten, me negaré… yo no puedo volver como un delincuente, con las marcas de los grilletes en mis muñecas, acompañado por la policía…”
Y otra vez resuena en mí: “Tan cerca y tan lejos…” Es una experiencia de impotencia total y de rabia. Me piden que rece a mi Dios para que los pongan en libertad. Han escapado de situaciones terribles en sus Países y ahora se encuentran en ese limbo, sin saber que va a ser de ellos.
Uno de los que visito estos días, que escapó de su País después de ver masacrar a sus padres y a tres hermanos, hace unos días le llevaron al aeropuerto con la camisa de fuerza y las piernas amarradas. Cuando le “echaron” al avión empezó a gritar que él no podía volver a su País porque le matarían… El Capitán del avión, al oírle y verle como iba, se negó a llevarle. De vuelta en el furgón, la policía le abofeteó e insultándole le decía que no se preocupase, que la próxima vez se arreglarían para que no suceda lo mismo que entraría como una momia. Ahora, cuando le llaman para la visita, tarda en contestar hasta asegurarse que no es que quieren sacarle de nuevo. Se niega a dormir, dice que sueña con lo que le ocurrió en el aeropuerto, no quiere comer porque prefiere morir antes de volver a su País. ¡¡¡Terrible!!! Por más que intento meterme en sus vidas, yo sigo al otro lado, solo un cristal por medio, pero libre y sin poder darles a ellos libertad. Llena de rabia voy maquinando en mi cabeza como conseguir hacer algo por ellos… y pido al Señor lo que ellos mismos me piden a mí: “Señor, tú que nos has hecho libres a todos, dales la libertad que no tienen”.
Todo lo que viven dentro del Centro es fuerte: carecen casi de todo, falta de espacio vital, hacinamiento, atención sanitaria obsoleta, falta de atención religiosa, alimentación muy escasa, sin espacio para poder relajarse y distraerse con la televisión, la radio o leyendo revistas…
Con todo, lo peor es que de la noche a la mañana ven que sus sueños, su proyecto migratorio, su futuro, después de todo lo que han pasado y pagado para llegar a este falso paraíso, se desvanece viéndose tratados como criminales.
Me gustaría que la sociedad estuviera más informada de lo que ocurre en estos Centros, a lo que yo comparo con el corredor de la muerte… y ellos con Guantánamo. Y lo triste es que son personas como yo, hermanos e hijos de Dios. |
¡Mueren inocentes!
Por las calles de un municipio frío, ubicado en lo más alto de la cordillera, a 144 Km de la capital del estado, una madre joven lloraba inconsolable, rodeada de personas que visiblemente conmovidas, trataban de consolarla.
Cundo pasaba. Con voz entrecortada una señora de más edad, se acerca a mí, implorando le ayude a calmarla, pues le habían arrebatado lo más valiosos que tiene una madre: su pequeña de apenas 6 años, quien había sido sacada de su aposento mientras dormían hace un día; yacía, en el cuarto frío de un hotel, víctima de una violación cruel y despiadada propiciada por un vecino cegado por la rabia que había en su corazón contra la joven mujer; había cometido uno de los actos más crueles y despiadados, quitar la vida a un ser indefenso y no conforme con esto, arrancándole la piel, desmembrando su cuerpo, desgarrando sus pequeños músculos y extrayendo los órganos internos.
Un nudo en mi garganta impidió mi respiración, un rápido frío sentí en mi pecho dejándome inmóvil, sentía un dolor que atravesaba mi vientre. ¿ cómo un ser humano, hijo de un Dios tan misericordioso, era capaz de hacer eso por venganza?. Desde entonces el acompañamiento a esa familia ha sido constante desde la oración, porque sólo quien ora puede experimentar momentos de serenidad. |
¿Por qué olvidamos quién es el dueño de nuestra vida?
En un barrio lleno de pobreza y dolor, una joven de 15 años llevaba en su vientre, un bebé que, aunque no era fruto de la máxima expresión de amor, era lo primero que sentía realmente suyo, después de superar una lucha interior.
Cuando había decidido enfrentar su realidad, con la fortaleza que sólo puede dar Dios al ser humano, caminaba hacia su casa cubierta por un techo de lata, cuando fue bruscamente metida en un carro , del que sólo pudo sentir, el movimiento ligero. Algunos vecinos, vieron la rápida escena, pero no entendieron nada.
Sólo hasta que corrieron a contar a su madre, quien reposaba en una silla de la pequeña sala del rancho, quien empezó a gritar y pedir auxilio. Sentimos los gritos y el llanto, pero era ya tarde y peligroso para salir. Sólo hasta el día siguiente que llegó la empleada nos enteramos del suceso. Desde ese momento iniciamos una cadena de oración con la comunidad mientras la familia avisaba a la respectiva autoridad del hecho.
Nunca se había experimentado la unión de la comunidad de la oración como esa mañana. Ya desgastados por el paso de las horas, que parecían días y algunos con la esperanza casi perdida, sonó el teléfono, todos llenos de ansiedad y desesperación corrieron a contestar. Era una voz que informaba que la chica había sido encontrada, pero que se encontraba en cuidados intensivos porque habían robado el bebé que llevaba en su vientre, no de la mejor manera; experimentamos sentimientos encontrados. La madre salió con otros miembros de la familia rumbo al hospital; los vecinos más cercanos continuamos con la oración, tratando de entender que había sucedido.
Al caer el sol, de nuevo el teléfono, para informar que habían encontrado el bebé en brazos de una mujer que no era su madre, vivo, pero no en las mejores condiciones de salud.¡ Hasta cuando Señor vamos a entender que somos hijos de Jesucristo, quien por amor fue capaz de dar la vida por nosotros!. |
Camino por una de las calles de una ciudad grande...
Ante mi vista un gran almacén de recuerdos codiciados por los turistas (de la Ciudad Eterna). Salen de él muchas, muchísimas personas, de toda procedencia, raza, nación, profesiones, clases sociales y estamentos religiosos. Todas van cargadas, con grandes bolsas de los más variados objetos. A pocos pasos, hay una mujer de unos 45 años, y cíngara, a juzgar por su atuendo, mastica algo, y busca y rebusca, removiendo la basura de un gran contenedor. Le pregunto: señora ¿Qué busca? Me responde: Comida para mí y para mis tres hijos pequeños. No tengo trabajo y mis piernas están heridas, no me sostienen. Trato de convencerla de que no coma lo que allí encuentre, no está en condiciones, que pida unos panecillos en algún bar o café. Sin duda le darán algo. Mueve la cabeza, para decirme, la gran dificultad que encuentra, pues no le hacen caso… Al hablarle de algún comedor de transeúntes cercano, me dice que ella sí va a veces, pero los niños no son admitidos. Me duele el alma. Le doy unas moneditas, y ante mi impotencia material, también mi compasión en dos besos, que me regalaron otros dos, envueltos en su sudor y su dolor.
Me volví al Señor:…Y, ¡hay tantos casos como este! |
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Un niño golpea mi puerta...
Acabo de levantarme, son las 5 de la mañana, todo está en silencio, parece que fue una noche tranquila... Enciendo la luz de mi habitación y de inmediato siento que alguien golpea la puerta de nuestra casa... Siento angustia, tengo miedo... Al instante mis hermanas salen a ver qué ha pasado... es un pequeño niño sentado en la puerta, tiritando de frío y con una mirada de pánico en sus grandes ojos negros... De inmediato entendimos..., nos organizamos lo más rápido que pudimos y salimos con él... Allí, en su casa, en el piso están sus padres... han sido asesinados.
Un profundo silencio envuelve nuestro pueblo... La tarde es triste y todos marchamos con una bandera blanca por las calles del pueblo, nuestro caminar es la voz de protesta ante estos actos criminales que han cegado dos vidas, y que cada día están impregnando de dolor los corazones...
Luego del sepelio, fuimos a reunirnos con la comisión de justicia y paz, con el alcalde y con un grupo de personas comprometidas en la defensa de los derechos humanos.... Iniciaremos un proceso de sensibilización en el pueblo...Ya les iremos contando... ( Desde un lugar del mundo...) |
Me he quedado sin armas, entonces acudo a la "única medicina"...
El reloj marcaba las 4:15 de la mañana del día 1 de agosto de 2011. Un fuerte estallido seguido de un tiroteo impresionante interrumpe nuestro descanso, cada una desde su alcoba sólo implora la misericordia y la protección de Dios, pues los tiros se sentían muy cerca a nuestra casa... Un silencio invade el amanecer y sólo atinamos a preguntarnos : qué pasaría???
Con las luces del día se siente el ir y venir de los pobladores, pero nadie sabe nada, nadie vio nada. No nos queda otra alternativa que implorar al Buen Dios la Protección. Es entonces cuando la oración de la mañana se convierte en súplica ferviente para que cese la violencia y para que nuestra fe y la del pueblo no desfallezca.
Con el paso de las horas y al desplazarnos a nuestros lugares de trabajo , por fin se sabe algo: Una granada fue lanzada a unas de las garitas de la policía ubicada en el parque principal del pueblo. Por fortuna no causó mayores daños, pero en el ambiente se siente el miedo, la angustia, la zozobra ...Y ahora qué sigue? No lo sabemos ...A nosotras sólo nos queda orar y esperar en la bondad del Padre. (En un pequeño pueblo de Colombia)
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A dónde lo han llevado?....
El día 8 de agosto de 2011 llegué al colegio donde laboro como docente, uno de mis compañeros de trabajo me aborda y con cara de angustia me dice: hna. me duele el corazón, mi hijo hna. mi hijo. Qué le pasó a tu hijo? es mi pregunta, a la cual me responde: Hna le voy a contar algo... Cogieron a mi hijo con un amigo , se los llevaron, ustedes son del ejercito les decían, los amarraron, los molieron a palo... pero dónde? cuándo? dónde está en este momento?...Me tocó ir a hablar con esa gente (guerrilla) Mi hijo gritaba, les suplicaba por favor no nos maten investíguennos, llamen a mi papá, el es un profesor. Gracias a Dios en el lugar donde estaban había señal telefónica y permitieron a mi hijo que me llamara... Se imagina mi angustia mientras me dirigía solo al lugar donde los habían internado...monte adentro... pero los enfrenté les dije animales, brutos, arriesgando a que me mataran ... Miren mi hijo es un médico recien graduado que por estos días esta visitando su familia, lo mismo su compañero, se los quité me los traje... están muy asustados.
Situaciones como estas se presentan en Colombia con jóvenes que que, después de terminar su secundaria, van a profesionalizarse a otras ciudades diferentes a la de origen, pero al regresar, por sus cambios físicos, resultan ser unos desconocidos en el pueblo, lo que los hace muy vulnerables.
Este es un momento donde uno sólo experimenta tristeza... una impotencia grande muy grande, silencio..., orar para que Dios nos de una actitud de escucha, pues hay que prepararse para seguir escucahando y apoyando a quienes vienen a contarnos sus angustias... A veces el miedo nos domina... Pero dejaremos que continúe reinando la injusticia?...
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Estallido...
Entre un pueblo y otro, hay una hora de distancia. Un tramo de la carretera, antes de llegar a uno de ellos, está en malas condiciones, pues aquella gente enterró explosivos en medio de la misma, y volvieron a taparla... al paso de un vehículo del ejercito, activaron la carga y lograron el objetivo: el carro quedó hecho añicos y sus ocupantes totalmente destrozados... Según cuentan, después de muchas horas, pues tenían que revisar si había más explosivos, lograron llegar al lugar de los hechos y lo que encontraron fue escalofriante: un hueco tan grande que se necesitaron 50 camiones con piedras para llenarlo... a varios metros solo hallaron una pierna... Los árboles tenían trozos de cuerpos pegados... en medio de la vegetación encontraban dedos, partes de seres humanos, de hermanos nuestros...uy hermanas, las lágrimas brotan de mi alma, la impotencia y el dolor son tan hondos...
Los pueblos vecinos se paralizaron, no hubo clases, el transporte se suspendió y el terror ronda por todos lados... Sólo Dios... Sólo Él sabrá mostrarnos el camino....Esto ocurrió la última semana de julio de 2011.
Nuestros niños...
La semana pasada, todo en el pueblo era un caos y una confusión; en cada esquina se oía el cuchicheo de la gente, dolor, rabia y angustia se dibujaba en cada rostro, en cada expresión; ¿qué sucede? ¿a qué se debe tanta palabrería? Es cosa de no creer: un hombre joven, colaborador de la parroquia, inserto en muchas de nuestras actividades, con un buen cargo público en la administración, abusó sexualmente de un pequeño de 10 años... Y al parecer no era la primera vez, pero por temor, sus padres habían callado; ahora todo el mundo lo sabía, la policía fue hasta su casa, lo llevaron a la estación; la prensa estaba allí para grabar imágenes duras y palabras de todo tipo en su contra; entre tanto, el niño llora solitario en su casa... No quiere salir, no quiere que nadie le hable ni le pregunte nada....
En medio de este desconcierto, nos hemos reunido con los catequistas y una psicóloga, para que nos oriente y nos ayude a vislumbrar un camino de apoyo a esta familia, a este niño, y para hacer unos cursos de prevención, de toma de conciencia, y para reforzar una y otra vez, el valor del ser humano...
Es doloroso y las palabras son cortas para expresar nuestro desconcierto... La oración nos ha fortalecido durante estos días... |
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