La figura de María llena con su presencia la historia del Carmelo que la tiene como Madre y Señora, protectora y confidente, modelo e ideal de la propia vida consagrada.
Las Carmelitas Misioneras, nacidas en esta tradición Mariana, vemos a María en medio de la comunidad como el tipo perfecto y acabado de la Iglesia y de su misterio de unidad y santidad. Guiadas por la experiencia y doctrina del Padre Fundador, contemplamos reflejada en María la realidad del misterio del Cuerpo Místico, como comunión de amor y presencia continua del Espíritu Santo que reúne a todos los miembros en oración y los impulsa con su gracia al servicio apostólico. Nos acogemos confiadas a la protección maternal de María, para que ella nos introduzca en el misterio de comunión eclesial y en el plan divino de la salvación.
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